viernes, 19 de noviembre de 2010

En la habitación..

Ella estaba echada en la cama con una sábana por encima mirando al infinito, Él la miraba atentamente sin perder ni uno de sus gestos.

-¿Por qué haces esto?- preguntó él.
-¿el qué?
-Ya sabes, ésto.
-Sabes que no me gusta hablar de ello. Lo hago y ya está.
-Necesito saberlo, necesito saber qué te pasa por la cabeza, ¿en qué piensas?
-Ahora pienso el algo que decirte para responder a tu pregunta.
-Nunca te vas a cansar de ser tan enigmática conmigo ¿verdad?, dime una vez, aunque solo sea una vez, la verdad.

Ella quemó el cigarro en sus rojos labios y sonrió sastisfecha por el inteterés de su acompañanate.

-La única verdad que puedo decirte, es que estoy aquí contigo, no intentes conocerme, solo soy una simple marioneta en tus manos.
-No quiero que sea así, quiero algo más.

Ella le miró, y vio sus ojos tristes, y por primera vez se dio cuenta de la soledad de aquel hombre, de la melancolía de sus palabras; se estremeció y se dio cuenta de que ambos eran iguales, incapaces de amar y de sentir algo más que autocompasión, seres inertes que pululan por un espacio infinito buscando un descanso.

Ella se acercó a él suavemente

-Debo irme ya
-Quédate esta noche, te pagaré el doble, por favor..
-No, lo siento es tarde.

Ella se puso su vestido rojo, sus altos tacones y se retocó el maquillaje en el baño, y sin decir nada se marchó, dejando un aroma de perfume caro en la habitación.

El se quedó inmóvil.

-Adiós-susurró, embriagado por aquel aroma.

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