Ella estaba echada en la cama con una sábana por encima mirando al infinito, Él la miraba atentamente sin perder ni uno de sus gestos.
-¿Por qué haces esto?- preguntó él.
-¿el qué?
-Ya sabes, ésto.
-Sabes que no me gusta hablar de ello. Lo hago y ya está.
-Necesito saberlo, necesito saber qué te pasa por la cabeza, ¿en qué piensas?
-Ahora pienso el algo que decirte para responder a tu pregunta.
-Nunca te vas a cansar de ser tan enigmática conmigo ¿verdad?, dime una vez, aunque solo sea una vez, la verdad.
Ella quemó el cigarro en sus rojos labios y sonrió sastisfecha por el inteterés de su acompañanate.
-La única verdad que puedo decirte, es que estoy aquí contigo, no intentes conocerme, solo soy una simple marioneta en tus manos.
-No quiero que sea así, quiero algo más.
Ella le miró, y vio sus ojos tristes, y por primera vez se dio cuenta de la soledad de aquel hombre, de la melancolía de sus palabras; se estremeció y se dio cuenta de que ambos eran iguales, incapaces de amar y de sentir algo más que autocompasión, seres inertes que pululan por un espacio infinito buscando un descanso.
Ella se acercó a él suavemente
-Debo irme ya
-Quédate esta noche, te pagaré el doble, por favor..
-No, lo siento es tarde.
Ella se puso su vestido rojo, sus altos tacones y se retocó el maquillaje en el baño, y sin decir nada se marchó, dejando un aroma de perfume caro en la habitación.
El se quedó inmóvil.
-Adiós-susurró, embriagado por aquel aroma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario